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Recomendaciones: "10 minutos" Ganadora del premio Apacuana

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martes, 7 de septiembre de 2021

Recomendaciones: Tercer Cuerpo

(La siguiente entrada NO tiene como objetivo motivarte a ir al teatro)

El texto dramático que le ha regalado a la humanidad Claudio Tolcachir cae en las manos de Jeizer Ruíz para ser estrenado en la fundación Rajatabla. El texto, el director y el escenario son los más propicios para representar el mismo problema de siempre, con personajes muy distintos, con un distinguido aire de enredo y mucho talento a favor.

Tercer Cuerpo

En nuestro primer encuentro con este montaje no teníamos clara una premisa que nos ubicara en algún lugar y al comenzar la representación no parecía haber nadie dispuesto a dárnosla. Esto nos desencajó en primera instancia y creo cierta predisposición. Dicha sensación se vio incrementada cuando tenemos cinco personajes, de los cuales dos se encuentran en una situación ajena a los otros. Toda esta confusión inicial nos desconectaba de la acción y el siempre molesto, ojo crítico, estaba diciendo presente con mucha fuerza hasta que apareció aquello que más nos ha deleitado de esta experiencia. Hemos vuelto a probar la placentera sensación de que lo que ocurre en el escenario te arrastra por la fuerza a prestarle atención. El texto, y por supuesto los actores, obligan al espectador, sin más herramientas que la vida, a querer saber que se trae todo esto entre manos, claro, si es que no deseas correr el riesgo de quedar a la deriva entre risas y lágrimas del público y de los personajes.

Existe una armonía escénica muy bien consolidada que nace a partir de la misma escenografía. El lugar es propicio para todo el drama. Nos encanta el escenario repleto de cosas que son útiles, más allá de estar allí para adornar la visual del público. Además, hay una propuesta de iluminación que busca hacer mucho más con menos. Hay una lámpara suspendida en el centro del escenario que sin mucho esfuerzo crea una ilusión, un efecto muy distinto al que crean los reflectores sobre el espacio, eso se agradece y se aplaude porque es en esa clase de detalles donde la estética escenográfica, sin dejar de ser solo elementos e inspiración, juegan un rol avasallante en el conjunto total de lo que vemos en el escenario. Es hermoso.

Las interpretaciones nos convencen completamente. El trabajo de cada uno está conciso y repleto de matices bien logrados. Los personajes ríen, lloran, desean y rechazan sin dejar de ser ellos. Ante esta paleta bien consolidada destaca la pata que más cojea. En este caso, no vemos un gran problema con ninguno, aun así, creemos que uno de los cinco actores tiene la posibilidad de indagar un poco más en la profundidad de su personaje y alcanzar un mayor nivel de entrega, porque el personaje que más da es el que menos recibe y en nuestro encuentro lo sentimos un poco falto de corazón en sus palabras. Tampoco se trata de un defecto muy notorio o de un detalle que destruya el arte tan hermoso aquí encontrado, de hecho, se trata de un aspecto muy individual con respecto al colectivo que está en escena. Siempre podemos mejorar, siempre.

Los cantos que espontáneamente hacen presencia los escuchamos con el corazón y nos dan un respiro de todo el drama para prepararnos para más drama y sorprendernos con momentos de comedia muy acertados y valiosos. En definitiva estamos muy complacidos por el trabajo que se logró con este hermoso escrito teatral. El talento venezolano que está creciendo eleva paso a paso su propia vara y manteniendo la firmeza, puede ser capaz de superar cualquier expectativa. Tercer cuerpo cumple con creces al dejarnos esta fuerte reflexión sobre el amor.

viernes, 20 de agosto de 2021

Recomendaciones: El motor

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El motor de Rómulo Gallegos llega rodando con firmeza al escenario del Teatro Nacional. Somos espectadores del trabajo en conjunto, el esfuerzo y nos confrontamos con la realidad que nos señala el pegujal. ¿Tenemos los mismos problemas sociales que hace cien años? Da la ligera impresión.

El Motor

Primero es muy importante tener presente el rol cultural que cumple el motor de Rómulo Gallegos en nuestra comuna. Este texto, escrito a principios del siglo XX tiene una maestría estructural a nivel dramatúrgico comparable con "La casa de Bernarda Alba", "Casa de Muñecas" o "Chuo Gil y las Tejedoras". Al mismo tiempo, comparte una responsabilidad equiparable con las anteriormente mencionadas cuando hablamos de llevarlas a escena. Se trata de una insignia del arte escénico venezolano que debe mantenerse, bajo cualquier circunstancia, adherida a nuestro pecho. Debemos siempre colocarla por lo alto. Expone uno de los problemas más profundos que presenta nuestra idiosincrasia con una atmósfera sainetesca y sencilla que conmueve las almas con aspereza. Todo mientras mantengas la atención durante las dos horas que propone Rómulo Gallegos para recibir la clase.

En esta ocasión nos sentimos muy agradecidos por el hallazgo que representa un trabajo bien hecho en líneas generales. 

Primeramente la obra posee un buen ritmo a pesar de su duración. No parece una tarea imposible prestar atención hasta el final, siempre y cuando el ritmo se mantenga. Allí mismo es donde podría recostarse el mayor problema que presenta el montaje; si el tiempo rítmico del actor no se encuentra afinado ni conectado con el de los compañeros, puedo convertirse fácilmente en una situación tediosa. Apegados a esa idea, tenemos un paleta de actuaciones muy variada en la que resaltan algunos talentos y habilidades que afortunadamente conviven como una armonía escénica muy contagiosa. Da la sensación de que todos están en el mismo lugar y manejan un lenguaje similar. Eso se aplaude y se agradece. De igual manera, el punto de apoyo mas importante en esta comunidad se nota un poco tambaleante cuando requiere una gran firmeza para funcionar como eje central de la maquinaria. Existe la posibilidad de predisposición de los actores por la larga duración del montaje y la cantidad de parlamentos que tiene para con la velocidad en la que se dice todo esto, no ha de apurarse innecesariamente el avance de la obra, los humanos deben respirar cómodamente y esperar que el teatro y la vida misma cumplan con el fenómeno. El principal aliado de este trabajo puede ser lo efímero del teatro, esa sensación de que todo está ocurriendo ahora mismo es muy importante para la sinergia y fluidez de dos horas de compromiso y entrega.

Vemos también una propuesta de dirección adecuada para muchos puntos y difusa en algunos otros. En momentos da la sensación de haber un ahogo en el espacio de los personajes. Esto puede estar ligado a decisiones de la puestista y una delimitación impuesta del espacio. Esto no está mal del todo. El problema aparece cuando los actores que no se encuentran adecuados a la pauta expresan códigos corporales que puedan delatarlo. Aún así, las intenciones son muy buenas; cuando se logra el objetivo aparece una magia teatral entre mutis y mutis, crece una expectativa solo por saber que le dirá este personaje a este y que ocurrirá cuando el otro se cruce con el otro. La compresión del escrito está clara y se nota bien ejecutada.

Hay una trabajo descomunal con respecto a lo que se ve en el escenario. La escenografía, los elementos, el vestuario. Todo mantiene una estética realista y cálida. Se refleja el calor de la zona y la sensación de sudor constante. El Pegujal vive.

La iluminación pretende sencillez y un cabizbajo camuflado, se trata de una protagonista encapuchada que no desea entrometerse demasiado en la atención del público y se dedica a contornear bien el espacio, el fondo y las ideas fuera de lo común. 

En líneas finales el motor es un gran texto, un gran desafío y un gran compromiso. En esta ocasión bien adquirido y enfrentado. En HdA nos emociona, por encima de todo lo demás, la abundancia de juventud que rodea todo este trabajo. Además, el interés por rescatar y la sensación de salvación que avecina el resultado. Pronto comenzará una nueva temporada del micro-teatro en nuestra ciudad y las apuestas por esta clase de emprendimientos probablemente vuelvan a escasear. Una lástima porque se siente la resurrección de nuestra vida teatral y todo eso conlleva un gran esfuerzo. Montajes como el motor, (que además de entereza visual, confronta y reflexiona sorpresivamente sobre los mismos problemas de ayer que lucen tan similares a los de hoy justamente porque son los mismos) están en peligro de ser desplazados por la fama y la inmediatez. Gracias por hacer una apuesta en crear alas conociendo el riesgo de la caída.

jueves, 5 de agosto de 2021

Recomendaciones: Enemigos

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El festival teatral de autor nos propuso una atractiva presentación de la obra del español Carlos Be. Fuimos atraídos por una interesante premisa, un buen trabajo de difusión y un gran estadio como lo es nuestro teatro nacional. El resultado… Tambaleante.

Enemigos

Enemigos nos cuenta una historia que algunos conocemos desde un punto de vista más confrontador con varios aspectos interesantes que le colocan un aire novedoso al discurso dramático que se plantea. Las expectativas suben mucho y probablemente, esa es nuestra culpa, o mejor dicho una responsabilidad que solo nosotros podemos asumir como espectadores, no le conciernen en lo absoluto a los miembros de este equipo.

El jurado tiene una decisión subjetiva que tomar sobre aquello que más destaca en la competición del festival, por lo tanto, nos ahorraremos una opinión directa que involucre la decisión del juicio y como siempre, actuaremos desde el punto de vista de unos espectadores que tienen cierto conocimiento y manejo del lenguaje teatral.

Nos llama la atención el rol de las proyecciones que se realizan.  Nos hacemos la pregunta de cuan importantes son para la finalidad que desea cumplir la obra. Lo entendemos como una propuesta novedosa, que inteligentemente empleada puede sumar; al ser solo una propuesta por proponer algo, puede volverse en contra del propio montaje si atenta contra el ritmo de la pieza y el necesario factor sorpresa que el teatro ha de poseer para mantener al público atento.

Vemos unas transiciones escénicas que nos dejan mucho que desear por la escases aparente de herramientas escénicas para resolverlas. Sin embargo, el texto dramático posee un valioso trasfondo que probablemente haría el favor por si solo de resolver los cambios entre escena y escena con más que un tradicional blackout que no oculta por completo a quienes mueven las cosas en el escenario.

Con respecto a las interpretaciones quedamos dudando. Principalmente lo que nos hace dudar son los espectadores que en su momento compartieron con nosotros la platea. Tenemos la noción de que hablamos de un texto de género dramático, pero, en algún punto del discurso, el público asistente determinó que esto se trataba de una comedia. No necesariamente porque hubiese risas en un momento dado es que llegamos a esta conclusión, sino porque la circunstancia escénica que se plantea no es coherente con la reacción del público; se sabe que en la comedia nos reímos de la tragedia que le está ocurriendo a los personajes, pero en un principio lo que estamos manejando son códigos que nos demuestran el drama trágico que se asume en esta oportunidad. La responsabilidad de que el lenguaje se traduzca claramente corresponde a los actores en el escenario, que sea cual sea el montaje en que se encuentren, siempre tienen un trabajo muy complejo de traducción lingüística que compromete sus habilidades comunicativas.

Debemos exigir como espectadores del arte escénico venezolano, arte escénico de calidad con respecto a las circunstancias a las que se somete un trabajo. Los espectáculos de mayor magnitud requieren de un nivel comprobado antes de ser presentados al público o la cultura teatral no se consolidará de forma adecuada. No es la intención de HdA, transgredir la integridad de nuestro teatro, pero si es necesario ponerlo en evidencia ante nuestros mismos ojos o las aspiraciones de exportar nuestro arte y elevar su nivel de profesionalidad y compromiso, afectado duramente estos últimos tiempos, serán más difíciles de afrontar. 

Por otro lado, un gran trabajo por parte de la producción de esta obra que nos brinda una muestra muy grande de esmero. Y ese es uno de los puntos importantes, no podemos aspirar a tener una ópera con explosiones en vivo y vestuarios extravagantes si el contenido expuesto no va de la mano con lo que visualmente se pretende mostrar.

Finalizamos esta entrada con la cita del director e investigador teatral británico de una trayectoria global, Peter Brook, que alega lo siguiente:

“El hombre de la calle que va al teatro está en lo cierto al decir que acude por su propio placer. Cuando el crítico asiste a un estreno, puede decir que sirve al hombre de la calle, pero no es exacto. El crítico no suministra consejos ni advertencias en secreto, su papel es mucho más importante, en realidad es esencial, ya que un arte sin críticos se vería constantemente amenazado por peligros mayores.” 

                 .-El espacio vacío. Brook, Peter, Pag.23